A veces me pregunto qué hubiera pasado si ella no se hubiera ido de casa, o simplemente si nos hubiera llevado con ella. ¿Habría cambiado algo nuestra vida? No sé hasta que punto las decisiones de los adultos afectan a los niños, a sus hijos. No sé hasta que punto yo soy culpable de mis propias decisiones, porque yo decidí, yo elegí, yo escogí salir de esa casa, de ese padre opresor, decidí escapar del miedo. Quizás no lo hice de la forma correcta, quizás me equivoqué buscando la salida, igual hubiera sido mejor saltar por la ventana, o tirarme a la vía del tren, no me he puesto más que una cadena sobre otra desde aquel día que jugué a ser mayor; cuando creí a Paddy cuando me dijo que por una vez no pasaba nada. Ahora solo puedo venderme para seguir sobreviviendo.
Cuando alguien se acerca a mí no es para otra cosa que para desahogarse, de la forma que sea; estoy perdido. Aquella sonrisa y aquella amabilidad eran falsas, no le interesaba más que mi cuerpo y después el de mi hermano. Por mí se pueden morir todos, no sentiré nada más que alivio y que se abre el grillete invisible que me han colocado en el cuello. Sigo enfadado con Dios y me jode que mi hermano aún crea en él; y luego soy yo el infantil.
Quizás solo tenía que haber muerto antes de nacer y ya no sentiría nada.

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