Los adultos son unos seres extraños, unos se comportan como si fueras invisible y otros te hacen desear serlo. Se creen con el derecho de manejarte a su antojo y se comportan como si nada tuviera importancia; tú estás, existes, respiras, tienes hambre, calor o frío, sientes, tiemblas. Pero todo eso no es más que humo en una habitación porque lo que importa es que ellos respiran, tienen hambre, calor o frío y quieren sentir, quieren que tú les hagas sentir y verte temblar.
¿Dónde está Dios? Aquí no. Conmigo no.

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