Fueron más de diez, perdí la cuenta al llegar a diez. Solo querían jugar, sin importar que lo que tenían debajo no era algo inerte, inanimado: era yo. Solo existe el dolor, ya no existe nada más. Hay un vacío inmenso dentro de mí y me duele la cabeza, me duele eso que llaman alma; han llegado hasta ella, con sus risas, con su sudor. buscaron su placer. Todo dio igual, dieron dinero a quien me encerró allí y yo simplemente fui un trapo en el suelo, rodeado de miedo. Vertieron en mí su podredumbre.
Cuando te hieren te enseñan a odiar, hoy he aprendido a odiar; hoy hay un poco más de oscuridad.
Tienen hijos, algunos de mi edad, ¿les miran a los ojos cuando se sientan a la mesa a comer? ¿Será que yo no sirvo más que para esto? Ya no me atrevo a vivir.

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