Estaba disfrutando del sol; el calorcillo que sentía era agradable. Mientras bostezaba empecé a echar de menos a Micky, miré por todas partes sin lograr verle, me senté erguido en el suelo y empecé a sentir miedo, ¿dónde estaba Micky? ¿Se había ido? Me levanté nervioso y empecé a moverme.
-¡¿Micky?! -llamé, la gente al pasar me miraba extrañada, joder, lo que me faltaba.- ¡Micky! -volví a llamar. Me cogí los brazos, ¿era eso lo que me pasaba? ¿Iba a empezar de nuevo? Me guardé las manos en los bolsillos intentando detener el temblor. Me giré sobre mis talones y le vi de frente a mí, con un par de latas de cocacola y un cigarro encendido en la boca, me miraba con el ceño fruncido, examinándome.
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?
-¿Dónde estabas? -pregunté sintiendo que el corazón chocaba violentamente contra mi pecho.
-Eddie, te dije que iba a por algo para beber, si escuchases cuando te hablo te habrías enterado.
-Me dormí, no te oí, me dormí -me agaché cogiéndome la cabeza y sintiendo como se desdibujaba la hierba ante mis ojos.- ¡Oh, mierda, Micky! Me dormí y pensé que te habías ido.
Se agachó y me pasó el brazo por los hombros y me dio la lata de refresco.
-Me fui a por esto, solo a por esto. Te traje una, ¿lo ves? Estoy aquí, ¿lo ves, Eddie? Estoy aquí.
-Lo siento, de verdad -dije calmándome y sonreí- ¿soy un idiota?
-Un poco idiota sí que eres, un idiota asustado, mi idiota.

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