La segunda ventana es la nuestra, hace frío pero no me apetece subir, está abierta y aunque no hay ninguna luz encendida, no me fío de lo que pueda encontrar una vez haya entrado por la puerta de casa. Me quedo aquí, esperando que él salga por el portal y así podré ir a descansar de toda la noche por ahí dando tumbos de un sitio a otro, siempre con prisa, siempre corriendo, siempre cansado y siempre con frío. Me gustaría llegar a casa un día y tener algo de cena, una sopa estaría bien, sí, estaría bien entrar en calor con una sopa y no porque me calienten los huesos a base de golpes. Me crispa los nervios solo el pensar que debo subir, pero esperaré un poco más, no parece que vaya a llover, así que no tengo prisa, si no fuera porque me estoy congelando aquí fuera, pero hay más frío ahí arriba. Lo siento, Micky, no voy a subir hasta que él se haya marchado, no voy a subir hasta que pueda asegurar que se podré estar tranquilo por unas horas.
Hubo un tiempo que todo era diferente, pero hace ya tanto que apenas lo recuerdo vagamente, solo conozco esto, así que yo decido, me quedo aquí, con el polvo, los coches y la basura, helándome, con frío y hambre, pero seguro, aquí en el callejón estoy bien, las ratas, las de cuatro y dos patas no me dan miedo, son colegas de correrías. Solo tengo que esperar a verle salir por el portal, un rato más. Ya queda menos para que amanezca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario